INDISPENSABLE LA REACTIVACIÓN DE LA ECONOMÍA
A pesar de que aún no hay cifras completas y definitivas sobre la evolución de la actividad económica del país durante 2025, los resultados disponibles prácticamente apuntan a que México concluyó el año con un debilitamiento en su ritmo de crecimiento, como consecuencia de una menor inversión, débil producción y menor empleo formal.
Lo preocupante es que esta situación ya acumula varios años. Aun cuando se cumplan las expectativas del indicador oportuno de la actividad económica para el cierre del año, que anticipan un crecimiento anual de 2.3% para diciembre, durante todo el 2025 la economía habrá crecido 0.5%, porcentaje inferior al crecimiento promedio anual de los siete últimos años, que sería del 0.7%, y más reducido aún que la tasa promedio de crecimiento de 2.3% en el lapso 1994-2018.
Claramente este ritmo de avance es insuficiente para compensar el incremento de la población, por lo que hay una reducción en el ingreso per cápita. De acuerdo con las cifras del Fondo Monetario Internacional (FMI), de 2019 a 2025 el PIB per cápita de México se redujo 0.9%.

La caída de la inversión refleja en buena medida la decisión que toman los inversionistas en un ambiente de incertidumbre. En parte esto refleja la disminución del número de empresas formales que hay en el país. Los resultados del IMSS muestran que durante 2025 el número de patrones se redujo en 25,667, su mayor reducción históricamente. Pero no solo eso, en 2024 se perdieron otros 17,911, con lo que en estos dos años cerraron 43,578 patrones formales.
Es importante considerar que el total de la disminución en el número de patrones se concentra en las empresas micro y pequeñas, que son las más vulnerables a un entorno de mayor incertidumbre por temas de inseguridad y elevados costos laborales, buscando una opción en la informalidad para seguir operando.
Además, en este contexto resalta que en el país hay más trabajadores informales que no pagan impuestos directos, ni tienen seguridad social y representan el 55% del total y producen el 26% del PIB. Una economía con estos niveles de informalidad sin duda se hace menos productiva y competitiva y ofrece un menor bienestar y oportunidades laborales a la población.

Aunado a esto, el deterioro de la percepción sobre temas como el estado de derecho, la corrupción y la inseguridad es preocupante, toda vez que son factores que afectan la decisión de invertir y por ende inciden en un menor ritmo de crecimiento.
En los últimos años, los niveles de confianza se han debilitado significativamente, de tal manera que México ha perdido terreno en el ranking mundial en esta materia. Si bien ya se ubicaba en un lugar bajo de la tabla mundial, en 2025 se acercó más al fondo de la clasificación. Tan solo en materia de corrupción, se ubicó en el lugar 134 de un total de 143 países, 17 lugares menos que en 2019.

Esto se reflejó en los resultados de la encuesta anual de directores ejecutivos (Chief Executive Officers, CEO), levantada por la consultoría PwC, en la que para 2026 México queda fuera nuevamente del top de los 25 países más atractivos para invertir.
En materia de finanzas públicas, si bien se aprecia el esfuerzo por parte de las autoridades para reducir el elevado déficit, el creciente gasto en los compromisos públicos y el incremento en el nivel de endeudamiento ha limitado cumplir cabalmente con ese objetivo, y seguramente lo seguirá haciendo en este año.
Para 2026 se anticipa que el saldo histórico de los requerimientos financieros del sector público (SHRFSP), que es el rubro de endeudamiento más amplio, se elevará 1.3 billones de pesos, propiciando que su costo financiero sea un monto similar, que equivale al 4.1% del PIB, cuando apenas en 2024 representó el 3.4%. Sin duda esto seguirá siendo fuente de preocupación para este año.
Sobre todo, cuando los costos financieros son elevados y aumentan las restricciones presupuestales con el objetivo de reducir el gasto público, limitan la expansión de la inversión en infraestructura, que al mismo tiempo es un importante impulsor de la inversión privada.
Además, el año inicia con ciertas presiones inflacionarias al reportar que en la primera quincena de enero los precios al consumidor se elevaron a un ritmo anual de 3.77%, principalmente impulsados por el aumento de 4.47% en los precios del indicador subyacente, que sigue mostrando resistencia a la baja.
A pesar de que este año la actividad económica podría mostrar una modesta mejora en su desempeño, como lo anticipan los pronósticos de los especialistas, es claro que el ritmo de avance previsto, ligeramente por arriba del 1%, seguirá siendo insuficiente para estimular un crecimiento elevado y sostenido de la actividad productiva.
Fortalecer el estado de derecho, reducir la inseguridad e impulsar un ambiente de negocios más amigable serán factores determinantes para estimular un mayor ritmo de crecimiento y bienestar.
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